¿Es verdad que la tiroides se afecta con la dieta keto?

Mucho se ha dicho respecto a las contraindicaciones de las dietas bajas en carbohidratos y la muy baja en carbohidratos, comúnmente llamada cetogénica.

En este campo, todos parecen tener una opinión y muchos sustentan sus argumentos en su “experiencia clínica”, la cual, sigue aportando al gran conglomerado de opiniones de un sólo observador. ¿Los sesgos? Múltiples.

Esta es la parte 1 de la serie en “Las contradicciones de las contraindicaciones de la dieta original del ser humano, comúnmente llamada Dieta Cetogénica” y empezamos hablando de la tiroides…

A ver qué tanto tiene de verdad el mito de que la dieta baja o muy baja en carbos produce hipotiroidismo patológico.

Para este escrito me apoyo de una entrada en el blog de Virta Health, llamado “Tu Tiroides Necesita Carbohidratos?, escrito en 2017 por el Dr. Steve Phinney, director médico de dicho centro. He agregado mis propias referencias, no mencionadas en dicho blog con el símbolo R y su pertinente enlace para acceder a la fuente. Empecemos.

“Métele carbos para no afectar la tiroides”, dicen.

Varios factores pueden contribuir a cambios en la respuesta tiroidea, entre ellos la restricción energética (comer menos calorías de las que se gastan).

Sin embargo, incluso cuando no hay restricción energética, una alimentación muy baja en carbohidratos se asocia con niveles muy reducidos de hormona tiroidea en la sangre. Aún no es claro si es A) la baja ingesta de carbohidratos o B) la presencia de cuerpos cetónicos lo que reduce las concentraciones circulantes de la hormona tiroidea, incluso cuando la energía ingerida es abundante y el peso corporal es estable.

En su afán por llegar a conclusiones para desaconsejar la dieta cetogénica (vaya uno a saber con qué intenciones), muchos apoyan que la reducción en la hormona tiroidea activa (llamada T3 libre) sea tomada como evidencia para demostrar que la restricción de carbohidratos afecta la función tiroidea.

Entre las más comunes opiniones está que la restricción de carbohidratos nunca deba mantenerse por debajo de los 100 gramos por día para evitar este efecto.

Otros abogan porque los practicantes de una dieta baja en carbohidratos y alta en grasas saludables, LCHF, por sus siglas en inglés, hagan “descansos” de la restricción de carbohidratos, llamados comúnmente ‘carb-ups’ con el fin de aumentar la función tiroidea a «normal». R

¿Por qué disminuye la función tiroidea?

Una explicación alternativa ofrecida por el Dr. Stephen Phinney, MD, PhD para estos cambios en las hormonas tiroideas cuando uno tiene un peso estable en una dieta LCHF es que el cuerpo se vuelve más sensible a estas hormonas.

Esta sensibilidad, según el Dr. Phinney puede atribuirse a los efectos favorables a nivel de estructura y función de las células, cuando se está en cetosis. R

Como resultado, en estas condiciones, se puede funcionar normalmente, aún con niveles reducidos de T3 libre.

Dicho de otra manera, una dieta muy baja en carbohidratos parece mejorar la sensibilidad de la hormona tiroidea (es decir, se necesita menos hormona para producir el mismo efecto) lo que, al final, supone una menor demanda para la producción de hormona tiroidea (T4) en la glándula tiroides y su posterior conversión a T3 activa en el hígado.

¿Es esta hipótesis de mejora de la sensibilidad de la hormona tiroidea en una dieta cetogénica realmente plausible?

Teniendo en cuenta que se ha demostrado repetidamente que una dieta muy baja en carbohidratos natural y nutritiva mejora la sensibilidad a la insulina en personas con resistencia a la insulina o diabetes tipo 2, no es descabellado proponer que la sensibilidad de otras hormonas también aumente.  R R R

También hay pruebas sólidas de que la sensibilidad del cerebro a la leptina, hormona de la saciedad, también mejora en individuos en la alimentación muy baja en carbohidratos con niveles más altos de cuerpos cetónicos. R R

Por lo tanto, asegura el Dr. Phinney, que una mejor respuesta de la hormona tiroidea, durante una dieta LCHF, sería bastante consistente con estas otras mejoras documentadas en la sensibilidad hormonal.

¿Disminución de la T3 a causa de la reducción de carbohidratos o el aumento de grasa en la dieta?

El endocrinólogo detrás el popular blog “Hormones Demystified”, Dr. HD, por su parte tiene una interesante hipótesis al respecto.

En sus palabras: R

¿Podría ser que consumir un predominio de grasas en la dieta es simplemente más eficiente metabólicamente que consumir predominantemente carbohidratos y proteínas? Después de todo, 1 gramo de grasa tiene el doble de energía potencial (9 kcal) de 1 gramo de carbohidratos o 1 gramo de proteína (4 kcal).

En este sentido, es probable que necesitemos un menor insumo de energía -es decir, menores niveles de T3, para liberar energía de la grasa, en comparación con el mismo proceso, pero a partir de los carbohidratos y proteínas.

Aunque reconoce que su argumento se fundamenta meramente en opinión propia, Dr. HD procede además a especular que, comparado con el metabolismo de las grasas, la T3 podría ser un regulador más importante del metabolismo de carbohidratos y proteínas. En cambio, la descomposición de las grasas puede involucrar el reclutamiento de otros procesos metabólicos, y en menor medida, la T3.

Refiriéndose particularmente a un estudio en el que se muestra una caída sustancial (pero no estadísticamente significativa) en T3 en sujetos con una dieta de 1500 calorías compuesta de 50% de grasa y 50% de carbohidratos, Dr. HD sostiene su argumento.

Debido a que una dieta de 1500 calorías, compuesta de 50% carbohidratos es, probablemente aún alta en carbohidratos, Dr. DH sostiene que, al no ser cetogénica, la reducción de T3 no puede haberse debido a la sensibilidad aumentada a la T3, como Dr. Phinney teoriza. En cambio, el otro 50% de grasa de la dieta puede ser lo que explique la reducción de T3.

El estudio es viejo (de 1980) y yo no logré acceder a más que el abstract, como para poder ver la metodología completa y, al menos, concluir algo a partir de los sujetos y su dieta previa al experimento.

Aún así, no me parece que los resultados -al menos los escritos en el abstract contradigan la hipótesis de Dr. Phinney. Quizá más bien, nos dicen algo sobre ingestas relativas de carbohidratos…

Puede que, la simple reducción relativa del consumo de carbohidratos (sin que necesariamente se limiten a los conocidos límites cetogénicos) haga el trabajo ameno de incrementar la sensibilidad a la T3.

Para esto, y basados sólo en este estudio, habría que ver la composición de la dieta de los sujetos antes del experimento. Dudo que ese detalle hubiera sido incluido.

Recibo también con agrado la hipótesis de Dr. HD, por la plausibilidad de la misma…

Aún así, necesitamos muchos más estudios para transformar estas “opiniones de conocedores del tema” en argumentos más sólidos.

Nos acostumbramos a comparar peras con manzanas…

Ya como vimos, Dr. Phinney, nos ayudó a esclarecer una potencial causa de la baja en T3 que procede a la restricción de carbohidratos en la dieta.

Pero ¿será posible que, nosotros, quienes ya normalizamos muchos parámetros de salud como consecuencia de nuestro caso omiso a las directrices oficiales de salud (las mismas que nos han dicho que debemos consumir más cereales y evitar las grasas), nos estemos comparando -injustamente- con una población enferma?

Dr. Phinney lo pone elegantemente, “no existe publicación alguna de estudios prospectivos de ensayos humanos, bien diseñados, que demuestren que la función tiroidea alterada (es decir, el hipotiroidismo) ocurre en una dieta cetogénica”.

Y es que los estudios para determinar los rangos de normalidad del patrón tiroideo se han realizado en pacientes que metabólicamente difieren de aquellos que llevan un estilo de vida muy bajo en carbohidratos.

Empezando por ahí, ya vamos viendo qué tan injusto es compararnos con individuos que comen cualquier cosa y cuyos hábitos no han sido claramente controlados.

Esto explica porqué es común encontrar en Internet recomendaciones para superar el consumo diario de 100 gramos de carbohidratos con el fin de “mantener la función normal de la tiroides».

Pero, ¿nos han dejado lo suficientemente claro qué es normalidad en un contexto bajo en carbos? ¿Saben quienes desaconsejan la restricción de carbos exactamente para quiénes aplican estas recomendaciones?

Claramente, 100 gramos por día de carbohidratos de bajo índice glucémico disminuirían el grado de cetosis nutricional en la mayoría adultos… Dr. Phinney cree que este simple hecho definitivamente aumentaría los niveles de hormona tiroidea en la sangre.

Si la dieta original no exige altos niveles de T3, ¿pueden los rangos “normales” estar incorrectos?

Ya hemos discutido cómo la dieta baja en carbohidratos es la dieta más adecuada para nosotros, como humanos.

Partiendo de este principio, y si las condiciones Low Carb son las condiciones más acordes con nuestra biología, ¿será posible que los niveles de T3 que vemos en personas que no restringen carbohidratos (dieta estándar americana), y que considera normales la medicina actual sean en realidad, anormales?

Puesto de otro modo, ¿estaremos erróneamente etiquetando como “normal” lo que en realidad es un estado relativamente hipertiroideo (en comparación con los niveles de la hormona en cetosis nutricional), impulsado por un exceso de carbohidratos en la dieta?

En lo siguiente, coincidimos con Dr. Phinney:

¿Qué tal si los niveles más bajos de T3 asociados con una dieta cetogénica, bien formulada, [más bien] son indicativos de una sensibilidad óptima a T3 y, por tanto, la verdadera norma fisiológica para los humanos?

Sobre los famosos “carb ups”

Con respecto a esta propuesta que parece fascinarle a los ‘influencers’ y health coaches de Internet, que consiste en aumentar el consumo de carbos cíclicamente (una vez a la semana, una vez al mes, etc), Dr. Phinney responde que todo lo que se logra es poner al cuerpo en “una montaña rusa metabólica que no deja de tener consecuencias”.

Es precisamente el trabajo del Dr. Phinney y su colega, el Dr. Jeff Volek, lo que ha dilucidado detalles del periódo por el cual tiene que atravesar el cuerpo a medida que alcanza la ceto-adaptación, término que acuñaron ellos para describir la completa adaptación al estado de cetosis nutricional.

Es sabido que se requiere unas cuantas semanas, dependiendo del individuo para alcanzar este estado.

Se presume además que, durante estas semanas antes de la cetoadaptación, el consumo de carbohidratos por encima de 100 gramos (o más exactamente, por encima de la tolerancia de carbohidratos de la persona), podría totalmente revertir este proceso.

“¿Qué sentido hay en tener que persuadir constantemente al cuerpo para que se ceto-adapte y luego ponerlo a lidiar con la depleción de las altas cantidades de carbohidratos [consumidos en los famosos carb-ups]? Sabiendo que los niveles de beta-hidroxibutirato [cetona] en sangre, característicos de una cetosis nutricional, reducen el estrés oxidativo y la inflamación, ¿por qué querríamos interrumpir este efecto benéfico, aún si fuera por parte del tiempo?”

Procede a concluir que:

“si las dietas que son restringidas en carbohidratos [realmente] tuvieran un efecto negativo en la función tiroidea, se predeciría que un número desproporcionado de personas desarrollaría casos clínicamente obvios de insuficiencia tiroidea (hipotiroidismo) mientras siguen una dieta cetogénica.”

Y que si de verdad hubiese un porcentaje de personas “particularmente vulnerables” que responden a una dieta baja en carbohidratos, desarrollando hipotiroidismo, estos casos estarían reportados en la literatura.

Eligiendo los estudios aleatorizados grandes, que duraron tres meses o más, realizados en la última década, y que utilizan dietas con bajo consumo de carbohidratos o cetogénicas, nota que ninguno de los estudios reportó casos de hipotiroidismo.

Tabla de estudios aleatorizados, con referencia (primera columna) número de sujetos implicados en estudio (segunda columna), duración (tercera columna) y número de casos de hipotiroidismo (última columna)

Una nota de advertencia:

A pesar del rigor con el que se pudieron haber conducido estos estudios, se debe reconocer que 350 personas no son una muestra significativa, representante de los miles de personas que han iniciado una dieta baja en carbohidratos.

También, puede que a pesar de haber tenido síntomas, estos no se hayan reportado por los sujetos, probablemente dada la levedad de los mismos (¿quizá un inicio de hipotiroidismo?).

Es probable que los síntomas de un hipotiroidismo en desarrollo se manifiesten una vez la persona se adentra en la dieta.

También, es probable que los síntomas leves del inicio de un hipotiroidismo en una persona con una dieta estándar americana se exacerben o se hagan más evidentes en el tiempo que coincide con la tercera semana de iniciada la restricción de carbohidratos (dieta Keto), por ejemplo.

Esto haría que aumentaran los números de casos reportados de diagnóstico de hipotiroidismo en dieta keto, lo cual establecería una relación de asociación, más no de causalidad.

Aunque no hayamos descartado la posibilidad que la dieta keto induzca un hipotiroidismo (ver arriba la necesidad de redefinir ‘hipotiroidismo’ en un contexto cetogénico, por Dr. Phinney), podemos concluir tres cosas:

1- Ante la ausencia de evidencia, NO PODEMOS AFIRMAR QUE KETO CAUSA HIPOTIROIDISMO.

2- Adjudicar hipotiroidismo patológico (R) -una vez se llegue a este diagnóstico posterior al inicio de una dieta Keto- a la dieta Keto puede ser apresurado.

3- Simplemente no sabemos lo suficiente aún.

Conclusión

En una hora donde todos parecen ser “expertos en hormonas” (término del que ni siquiera se apropia uno de los endocrinólogos más brillantes que conozco, el Dr. Pedro Nel Rueda), es entendible que valores hormonales por debajo del ‘rango normal’ enciendan las señales de alerta (sobre todo cuando se adopta un estilo de vida muy bajo en carbohidratos).

Creemos que, y presumiblemente de acuerdo con el Dr. Phinney y Dr. HD, que el rango de referencia normal para T3 nunca fue diseñado para aplicarse a personas en un estilo de vida bajo en carbohidratos (es decir, comiendo acorde con nuestra biología).

¿Es insensato? Sí, debido a que por años y en contra de la lógica científica, nos enseñaron a sobreconsumir carbohidratos a la par que se determinaban los rangos “normales” de los parámetros de salud.

Así, niveles más bajos de T3, el contexto de una TSH normal, T4 normal y la ausencia de signos y síntomas de hipotiroidismo, observados en quienes practicamos ayunos y una dieta baja en carbohidratos son probablemente normales.

Indiscutiblemente, debemos pedir a gritos que se realicen estudios prospectivos grandes que ayuden a esclarecer este tema.

Sin embargo, tenemos argumentos para creer que desaconsejar la restricción de carbohidratos por debajo de 100 gramos para evitar ‘afectar la tiroides’ es una recomendación que sólo se basa en suposiciones erróneas. En palabras de Dr. Phinney, puede ser ignorada.

Ah, perdón, pero me tengo que ir… ya me sirvieron mi bistec con aguacate. Hasta la próxima!

¿Tienes hipotiroidismo? ¿Has sido alertado por tu profesional de no restringir los carbohidratos dada tu condición?

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